“Aquella tarde yo quería comprarme un pintalabios rojo anaranjado. Me habías dicho la noche anterior que querías que te contara cómo había crecido, y así quería hacerlo. Pero no hubo tiempo de nada. Ni para siempre ni a partir de ahora nunca. Ya no podré contarte cómo crecí así que trataré de hacérselo saber a los demás. Quizás algún día dónde quiera que estés te enteres de cómo fue, cómo crecí y cómo pasé de ser una niña a ser lo que ahora soy, un intento de mujer. Y quizás por eso quería pintarme los labios de rojo anaranjado (todo venía por el color de labios de Lourdes, la chica de Russian Red… pero no se por qué supuse que nunca encontraría una barra de labios “Russian Red”. Sin embargo todo pasó muy deprisa.
Íbamos de la mano cruzando la placita hacia el Corte Inglés, y nos quedamos embobados mirando ese coche amarillo. Un coche que decías que era un coche con una bicicleta, era como un minideportivo descapotable, sólo que en vez de ruedas traseras de coche normal, llevaba dos ruedas de bicicleta con un travesaño que las unía. Fue detrás de ese coche cuando pasó un camión lanzado que salía de las cocheras del almacén, y estoy segura de que soltaste mi mano para cruzar, y entonces ya no te ví más. Sólo gente que miraba hacia donde tú habías cruzado, y la gente se amontonó en una esquina. Entonces fue cuando me morí la primera vez en mi vida. Y salí corriendo para alejarme cuanto antes de aquel lugar. Me habías soltado la mano y no quise sentirme culpable por escapar, pero qué podía hacer yo ya entonces. El conductor de la furgoneta también se había bajado, venías caminando enfadado porque yo no quería salir de casa y a regañadientes con la excusa barata de un pintalabios me había decidido a hacerlo, y ahora estábamos allí, cada uno siguiendo su destino. Pero quería recordarte con sonrisa y embobado con aquel coche. No quería seguir imaginándome cómo estarías allí, tendido en el asfalto. Salí corriendo, llorando hacia ningún sitio. Subí a casa y lo más rápido que pude hice la misma maleta que en Navidad, tenía aún las prendas en la memoria, cogí el neceser, el ordenador. Cerré la puerta y me fui. Llamé a mi padre. Y ahora, sólo tengo unas cuantas cosas que hacer para empezar una nueva vida desde cero: cuidar mi pequeño huerto urbano, tricotar una bufanda gris, encontrar un lugar donde vivir y contarte cómo crecí . Te conocí siendo una adolescente, y aún ahora no estoy convencida de dejar de haber sido una niña. ¿Y eso cómo diablos se hace? Han pasado dos días ya desde aquella tarde y a partir de ahora mi vida se intuye difícil. Cómo se vive rompiendo todos los esquemas que he tenido desde hace seis años. ¿Cómo se guarda la vida en cajas, cómo se vive sin tu mitad, cómo se sintetizan veinticinco años?. De momento lo que he hecho ha sido lo que me han recomendado: cambiar de aires. Como me morí hace dos días, y dicen que los animales por naturaleza vuelven a morir al lugar donde nacieron, creo que aún estaré muriendo porque he venido a parar a la tierra que me parió. He llegado hasta aquí atravesando tierras de olivares con escarcha de amanecida calentada por un tímido sol de enero. Arriba se ven los cerros nevados y el cielo está cubierto de nubes. Quizás lloran porque ya no estás. Y las lágrimas hieren en cascadas de nieve las faldas de Jabalcuz y de La Pandera.
Para no demorarme en mi empresa he de decir a mi favor que las semillas del huerto están ya plantadas, y que como ahora es época de lluvias el cielo se encargará por mí unos días de seguir regándolo para que germinen las semillas. Esta tarde he salido a comprar agujas y lana gris para tricotar la bufanda y en el piso de arriba vacío se desdibujan las siluetas de lo que puede ser de ahora en adelante mi lugar para vivir hasta que vea dónde y cómo me sitúo.”
“¿Cómo se guarda la vida en cajas [...]?”
Pues abriendo y cerrando como nos convenga. Ahora toca abrir una nueva y llenarla de cosas : )
Imagina esta situación: El frío envuelve el cuerpo y la melancolía empaña mis gafas; Stan Getz y Joao Gilberto suenan de manera suave, como ellos saben hacerlo, y me encuentro con este texto.
Hay un cúmulo de sensaciones que dibujan un rostro de tristeza, pero a la vez de esperanzas donde no podremos comprender cómo se guarda la vida en cajas, pero sí somos capaces de mirar hacia adelante y depositar en las plantas el ejemplo de vida.
Un día, o una noche, ya no lo recuerdo, un texto salió de mis dedos sin desearlo (http://aroltxt.tumblr.com/post/70446958/el-piano) y lo que comenzó sin un rumbo terminó con una lágrima. Ahora me sucede algo similar.
Es un agrado
Saludos
@Marta y @Arol gracias por los coments que vuelven a llenar de vida este rincón. Un abrazo para cada uno… y un poquito de calor del corazón para esta semana que empieza!