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un día largo

Ésta eres tú. Ojos cansados, día largo improductivo. Porque anoche te acostaste tarde estudiándote las características de 6 tipos de cepillos de dientes diferentes eléctricos, con tecnología oscilante rotacional. Para una promoción, para ir a venderlos o intentarlo a un centro comercial. Y no paraste de toser en toda la noche.

Porque te levantaste cinco horas después de haberte acostado, saliste corriendo diciendo adiós a tu amor que se quedaba en la cama porque había trabajado hasta mucho más tarde que tú. Tú que al doblar la esquina de la calle de al lado de casa viste el cole donde quizás podrías trabajar dentro de poco. Los niños pequeños jugando en los columpios y los grandes repasando en la puerta antes de entrar. Casi hace dos semanas llevas soñando despierta cuando pasas por delante de ese colegio que das clase a enanos, que les haces contar cuentos, que les enseñas con magia, cariño e ilusión. Que te preparas lo que les vas a enseñar, aunque sabes que es quizás duro ayudarles a aprender porque son peques. Aunque ya lo has hecho otras veces.

Porque has cogido un autobús que te ha dejado en medio de la nada. Y has llegado a un centro comercial que parecía una ciudad desierta. Un aparcamiento vacío. Un gigante enorme de hormigón apagado y muerto. Decenas de personas que aparecían como de un hormiguerito que recorrían metros y metros alejándose hasta el final del aparcamiento desapareciendo por un pasillo gris al final de una esquina. Al final acabaste recorriendo el mismo camino que ellos. Y subiste una escalera de tres pisos y lleguaste a otro aparcamiento. Y allí había una megafonía que decía “Buenos días trabajadores, las promociones de las que tienen que informar hoy a nuestros clientes son [...]” y la gente seguía su camino mirando al suelo y se metían por diversas puertas. Así hasta llegar a una cafetería. Y luego dar vueltas, llegar a la sección donde se suponía que ibas a trabajar. Y saber que la documentación para que trabajaras allí no había llegado aún. Visita al sótano de nuevo. Otra vez esa realidad paralela de hormigón gris y falsos decorados de cartón piedra, sala de reposo, sala médica. Un despacho, la misma cara del viernes anterior. Las mismas palabras, “vuelva usted por donde ha venido, aquí de momento no va a realizar ninguna tarea”.

Porque has esperado un autobús muerta de frío en medio de una carretera mientras pasaban los autobuses de largo durante una hora y cuarto. Has llegado al barrio. Y has vuelto a pasar por delante del colegio. Y los niños esta vez jugaban en el recreo. Y estuviste a punto de pararte para preguntar si la directora había recibido ya tu currículum, para saber qué tal.

Porque lleguaste a casa muerta de sueño. Con peor cuerpo que cuando te fuiste. Te metiste en la cama, y al despertarte llamaste a tu amiga a quien quizás podría abrirte hueco en el cole. Y la primera noticia que has tenido es que otra amiga vuestra tiene el trabajo. Así, sin saber nada más. Tú no tenías los requisitos mínimos, pero tampoco sabías que había otra amiga interesada en el puesto. Porque podías haberte enterado ayer, o cuando la directora hubiera dicho que no eras apta para el puesto. Porque has llorado mucho y te has quedado cansada. Y en realidad has de alegrarte, porque tu amiga tiene un trabajo. Aunque tú vivas al lado y ella a muchos kilómetros, aunque tú no llegues a final de mes, ni siquiera muchas veces al día 20, aunque te interesa de veras trabajar ahí, aunque lo necesites. Pero es tu amiga y tienes que estar contenta por ello.

Ésta eres tú, y ahora esperas ver una sonrisa en tu cara. Mañana sin duda será mejor, porque si tienes un sueño, al final lo consigues.

Try your wings

Cuando algo se desea con muchas ganas, si se pone empeño, ganas, ilusión, si se pone el corazón y el cerebro en ello, acaba pasando. Parece mentira, pero lo que  parece imposible, acaba pasando. Pasa lento, como el tiempo, como esta canción, como un reloj de arena en el que parece que los granitos nunca van escurriendo hacia abajo.

Me gustó este vídeo para empezar este nuevo blog porque es una de mis canciones favoritas de Mi vida sin mi una de mis películas adoradas, y una de las impulsoras de mi modo de vida actual. Desde que ví esta película en mayo de 2003 me enamoré de la forma en que se plantea la vida en ella. Ésta y Amélie son de las películas que más han marcado mis últimos 8 años. Quizás había vivido demasiado deprisa, sin pararme demasiado a darme cuenta de que antes de hacer felices a los demás debía hacerme feliz a mí misma… desde hace 5 años trato a diario de decir a todos los que quiero que los quiero, de dedicarme minutos para mí a lo largo del día, de hacer alguna travesura que alegre el día a los demás (cosas sencillas… como hoy macarrones a la “tata”). Quizás antes me había intentado hacer una coraza tan grande frente a las cosas que duelen que al final se acabó rompiendo y tenía los músculos entumecidos adentro, entonces todo me dolió junto y de una vez.

El camino de vuelta a la vida real ha sido lento, muy lento, no ha sido nada fácil, y de paciencia. Y lo sigue siendo. Porque cuando a una mariposa se le mojan las alas, como me decía mi hermano de pequeñita, se le caen los polvitos mágicos que hace que vuele, entonces es muy difícil que eche a volar de nuevo. Cuando se le han secado por completo, vuelve a volar, pero ya siempre tendrá que estar más atenta a las gotas de rocío cada mañana, a cuidarse de la escarcha con la luna, a las lluvias de primavera que pillan por sorpresa… pero volar le resulta maravilloso.

Soñaba con poder volver a hacer cosas yo sola, con poder salir, reírme, irme lejos, y volver, amar y odiar si quería. Y lo hago. No imaginaba poder cruzar un océano y sumergirme en una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo (simplemente esta frase, si no fuera por los datos, me parecería mentira)… pero sí, lo hice, y lo cumplí. Es un ejemplo que pongo, porque ha sido el último y más gráfico… Llegué a desearlo tanto que le puse empeño y tesón. Luego me queda darles las gracias a todos los que están ahí y lo saben, y también a los que estuvieron y no lo sabían. La mayoría me leeis… pues eso… un enorme GRACIAS por abanicar cariñosamente las alas de esta mariposa.

Si tienes un sueño prueba tus alas.

puedes escuchar esto mientras…

Mi primer blog lo empecé en 2004… y se quedó solito y desierto en unos cuantos días. Creo que quería expresar cosas demasiado privadas como para seguir haciéndolo, luego tuve otros y éste realmente es una mudanza desde el último… Es como esa casa a la que vas en vacaciones que no te gusta, que tienes ahí y que hiciste un día con ilusión pero ya no te gusta y además te trae malos recuerdos. Pues eso, dices “pero la casa está ahí”… sí, pero mira, es que quiero que tenga más luz, más calidez y tendría que tirar muros y hacer obra para que sea lo que quiero… y como no tengo presupuesto para albañil y no se de albañilería pues mejor… me busco otra nueva. Sé que esto no contribuye a la ecología en la red… pero es que no encontré una manera eficiente de mudar los contenidos. Cuando sepa hacerlo pues lo haré y eliminaré espacio…

Sólo deciros que reinicio con ilusión, que tengo cosas que contar. Que de alguna manera esto es hacer visible una nueva etapa en mi vida, más fuera de la FAcu que dentro (me refiero a que me van quedando sólo algunos empujoncitos para salir…) con otras perspectivas y otras circunstancias. (Sí, desde que no escribo en el otro blog tuve que empezar con Q10+ y otras antiarrugas… que la edad se echa encima). Por una vez me gustaría inaugurar una sección dedicada a historias desde el balcón. Y es que ésta me parece una categoría muy muy importante. Yo fumo, pero en casa no lo hago. Fumo en el balcón. Y la verdad es que hay mil y una historias que contar… porque mi balcón está en un ático de una calle estrechita = la gente casi nunca advierte mi presencia… y pasan cosas curiosas.  A veces sólo pasa la gente, pero les pongo nombretes, y después de tres años, conozco sus vidas a cachitos…

Espero que os sintáis/ se sientan a gusto en este rincón. Bienvenidos!

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